viernes, 6 de febrero de 2015

Vítor al doctor



En estos días que a cualquier enchilada se le nombra doctor o doctora honoris causa, y personalmente a punto de recibir el grado de doctor en Historia por la UNAM, he querido reflexionar de algunos de sus atributos, aunque algunos estén en desuso ya.

El vítor o víctor, además de la interjección usada para vitorear (equivalente al ¡viva!), era un símbolo derivado del crismón del Bajo Imperio romano. Fue adoptado por algunas universidades españolas desde el siglo XIV, especialmente la de Salamanca, la de Alcalá de Henares, la de Sevilla3 y las de Indias (obvio la Real y Pontificia de México), como emblema conmemorativo de quienes obtenían el título de doctor, en inscripciones murales con pintura roja o negra que se conservan hoy en día. Pero desgraciadamente después de la Guerra Civil Española se eligió como adecuado para ser utilizado en el Desfile de la Victoria (19 de mayo de 1939) y, a partir de entonces, durante toda la dictadura franquista, como emblema propio de Francisco Franco.

El víctor romano
A partir del Edicto de Milán (año 313 d.C.), el crismón aparecía en monedas, estandartes y con el tiempo pasó a formar parte también de los escudos de los legionarios romanos.

Según la leyenda, al emperador Constantino, la noche anterior a la batalla del Puente Milvio, se le apareció en sueños la cruz junto a las palabras de «In hoc signo vinces» («Con este signo vencerás»). Al día siguiente éste sustituyó el águila imperial por el crismón o labarum y ganó la batalla.

Poco a poco fue transformándose en los escudos romanos hasta adoptar otra forma muy diferente. Se había convertido en otro símbolo: el Víctor, Escudo de la Victoria o Victorioso.

El vítor de Salamanca
El vítor es uno de los símbolos característicos y tradicionales que se encuentran habitualmente en las paredes de los edificios universitarios de Salamanca, al estilo de los actuales grafiti. Consiste en un anagrama, de color rojo, que combina las letras V, I, C, T, O y R dispuestas a criterio del pintor. Existe la creencia de que originalmente las letras eran únicamente V, I, T, O y R; y que con el tiempo se añadiría una figura similar a la C, lo que en heráldica se denomina un creciente, aunque muy estilizado, aludiendo al blasón distintivo del papa Benedicto XIII de Aviñón (el Papa Luna, 1394-1423), como agradecimiento por los privilegios concedidos a la Universidad. De ahí parece provenir la expresión “poner sobre los cuernos de la luna” con el significado de alabar o encomiar o creerse mucho. La disposición de la media luna en ese anagrama se describe con los cuernos hacia abajo, y en la parte inferior, quedando en la parte de arriba el diseño aún más antiguo de los vítores al sabio o los vítores clásicos de Salamanca, o sea el anagrama sin la C.

Tradicionalmente se pintaba, con pigmentos animales o vegetales, en las paredes de las dependencias de la Universidad de Salamanca acompañando al nombre del reciente doctor cuando alguien alcanzaba este grado. Cuando, por la ley Moyano de 1857, todas las universidades españolas, excepto la Central de Madrid, perdieron la facultad de conceder ese título, dejaron de pintarse los vítores, costumbre que se retomó en 1954, con la recuperación de los doctorados. En México las paredes de la catedral y las calles de Guatemala y Moneda tenían estos grafitis, borrados en sucesivas limpiezas y restauraciones

Aunque hoy se sigue empleando de este modo, también pueden hallarse vítores alusivos a instituciones o personalidades destacadas que han visitado la Universidad de Salamanca o mantienen con ella una especial relación.

Para obtener el grado, en el México virreinal se realizaba una solicitud y una lección, y después se presentaba un examen. La solicitud estaba dirigida al rector. Una vez concedida se nombraba al padrino, que generalmente era un catedrático o un funcionario universitario (en mi caso sería el amigo Dr. Jorge Traslosheros), y se hacía el pago de propina. La ceremonia iniciaba con un paseo desde la casa del graduando, la del rector y la del virrey hasta la catedral, lugar donde se realizaba la lección con gran pompa y festejo.

Eso ni los recursos ni los tiempos me lo permiten hoy. Pero con mis amigos, familiares y quienes me aprecian, que son muchos, pintaremos un vítor no en los muros de la catedral, pero si en el corazón por cinco años de esfuerzo a contracorriente para obtener el grado de doctor en Historia por la UNAM.  

Si me siento en los cuernos de la luna, pero también: Laus Deo Semper!



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