En estos días que a cualquier enchilada
se le nombra doctor o doctora honoris
causa, y personalmente a punto de recibir el grado de doctor en Historia por la
UNAM, he querido reflexionar de algunos de sus atributos, aunque algunos estén
en desuso ya.
El vítor o
víctor, además de la interjección usada para vitorear (equivalente al ¡viva!),
era un símbolo derivado del crismón del Bajo Imperio romano. Fue adoptado por
algunas universidades españolas desde el siglo XIV, especialmente la de Salamanca,
la de Alcalá de Henares, la de Sevilla3 y las de Indias (obvio la Real y
Pontificia de México), como emblema conmemorativo de quienes obtenían el título
de doctor, en inscripciones murales con pintura roja o negra que se conservan
hoy en día. Pero desgraciadamente después de la Guerra Civil Española se eligió
como adecuado para ser utilizado en el Desfile de la Victoria (19 de mayo de
1939) y, a partir de entonces, durante toda la dictadura franquista, como
emblema propio de Francisco Franco.
El
víctor romano
A partir del Edicto de Milán (año 313
d.C.), el crismón aparecía en monedas, estandartes y con el tiempo pasó a
formar parte también de los escudos de los legionarios romanos.
Según la
leyenda, al emperador Constantino, la noche anterior a la batalla del Puente
Milvio, se le apareció en sueños la cruz junto a las palabras de «In hoc signo
vinces» («Con este signo vencerás»). Al día siguiente éste sustituyó el águila
imperial por el crismón o labarum y ganó la batalla.
Poco a poco
fue transformándose en los escudos romanos hasta adoptar otra forma muy
diferente. Se había convertido en otro símbolo: el Víctor, Escudo de la
Victoria o Victorioso.
El
vítor de Salamanca
El vítor es uno de los símbolos
característicos y tradicionales que se encuentran habitualmente en las paredes
de los edificios universitarios de Salamanca, al estilo de los actuales
grafiti. Consiste en un anagrama, de color rojo, que combina las letras V, I,
C, T, O y R dispuestas a criterio del pintor. Existe la creencia de que originalmente
las letras eran únicamente V, I, T, O y R; y que con el tiempo se añadiría una
figura similar a la C, lo que en heráldica se denomina un creciente, aunque muy
estilizado, aludiendo al blasón distintivo del papa Benedicto XIII de Aviñón
(el Papa Luna, 1394-1423), como agradecimiento por los privilegios concedidos a
la Universidad. De ahí parece provenir la expresión “poner sobre los cuernos de
la luna” con el significado de alabar o encomiar o creerse mucho. La
disposición de la media luna en ese anagrama se describe con los cuernos hacia
abajo, y en la parte inferior, quedando en la parte de arriba el diseño aún más
antiguo de los vítores al sabio o los vítores clásicos de Salamanca, o sea el
anagrama sin la C.
Tradicionalmente
se pintaba, con pigmentos animales o vegetales, en las paredes de las
dependencias de la Universidad de Salamanca acompañando al nombre del reciente
doctor cuando alguien alcanzaba este grado. Cuando, por la ley Moyano de 1857,
todas las universidades españolas, excepto la Central de Madrid, perdieron la
facultad de conceder ese título, dejaron de pintarse los vítores, costumbre que
se retomó en 1954, con la recuperación de los doctorados. En México las paredes
de la catedral y las calles de Guatemala y Moneda tenían estos grafitis,
borrados en sucesivas limpiezas y restauraciones
Aunque hoy se
sigue empleando de este modo, también pueden hallarse vítores alusivos a
instituciones o personalidades destacadas que han visitado la Universidad de
Salamanca o mantienen con ella una especial relación.
Para obtener
el grado, en el México virreinal se realizaba una solicitud y una lección, y
después se presentaba un examen. La solicitud estaba dirigida al rector. Una
vez concedida se nombraba al padrino, que generalmente era un catedrático o un
funcionario universitario (en mi caso sería el amigo Dr. Jorge Traslosheros), y
se hacía el pago de propina. La ceremonia iniciaba con un paseo desde la casa
del graduando, la del rector y la del virrey hasta la catedral, lugar donde se
realizaba la lección con gran pompa y festejo.
Eso ni los
recursos ni los tiempos me lo permiten hoy. Pero con mis amigos, familiares y quienes
me aprecian, que son muchos, pintaremos un vítor no en los muros de la catedral, pero si en el corazón por cinco años de esfuerzo a
contracorriente para obtener el grado de doctor en Historia por la UNAM.
Si me siento en los cuernos de la luna, pero también: Laus
Deo Semper!


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