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| Clío, musa de la historia. Fragmento de El arte de la pintura, Johannes Vermeer, 1666 - Museo de Historia del Arte de Viena |
Ayotzinapa no es un expediente cualquiera. Van tres veces
que el procurador general de la República busca darle “carpetazo” a una
investigación que defiende como “verdad histórica”, al tiempo que de manera
contradictoria insiste en que el expediente no se puede cerrar “dada la
naturaleza de los delitos”.
Tampoco le corresponde al procurador general de la
República ni a los padres de los normalistas, ni a periodista gritona alguna,
ni a ninguna organización, decretar la verdad histórica sobre su propia
investigación. Sus acercamientos tienen el carácter de parciales y subjetivos,
lo cual no niega su importancia, cientificidad ni historicidad, pero son
siempre punto de partida para otro paso más amplio y mayor.
Este debate solo evidencia la crisis de la validez de la
razón y la modernidad presente hoy por los siguientes motivos:
1.
La
Historia es ciencia en la medida en
que realiza la triple caracterización formal de toda ciencia; a saber: ser crítica (da razón de sus principios), sistemática (tiene orden en sus postulados) y
auto-amplificativa (se abre siempre a más en el campo de conocimiento).
2.
Hablando
en general, la racionalidad propia de la Historia, en cuanto “ciencia humana”,
es de tipo “hermenéutico”: busca
comprender, de modo más exhaustivo o “saturado” posible, el pasado y su
sentido, primero de los datos investigados y después encontrar un sentido para
la vida.
3.
Desde
el punto de vista analítico, la racionalidad hermenéutica de la Historia se
desarrolla bajo dos formas: las razones
de conveniencia, que son las primarias, y las razones necesarias o deductivas, que tienen una función segunda.
4.
Además
de presentarse bajo la forma de ciencia, la Historia aparece también bajo la
forma de sabiduría, en la medida en
que su discurso es del tipo de la gnosis, o sea, global y experiencial.
5.
Principalmente
como sabiduría, pero también como ciencia, la Historia tiene una esencial
dimensión subjetiva, que es ganar una interpretación que le de sentido a la
vida cotidiana. No se busca la verdad histórica por ocio, sino para encontrarle
sentido a lo que vivimos. Ahí la fuerza de su verdad, pero para gentes como el
procurador o los padres de familia, los acercamientos dan sentido y se vuelven
punto de partida nuevo. Por tanto la
verdad histórica nunca es absoluta.
6.
La
verdad histórica posee su inteligencia
propia, en el sentido de tener su luz o su inteligibilidad especifica, que
consiste en la intuición supra-conceptual e incluso supra-racional de los
acontecimientos en si.
7.
La
razón de la verdad histórica, es la
exposición racional, o sea, discursiva (sapiencial o científica) de un
acontecimiento, sea en una conferencia de prensa, con peritos, por jueces. En
este sentido la verdad histórica es parte racional o racionalizable, y en parte
no. Sin embargo, la razón histórica representa el punto más alto al que puede
llegar la razón humana en general. Pero ni por decreto judicial se puede
determinar cerrada históricamente.
Pongo un ejemplo: Es “verdad histórica” que el grito
de independencia fue la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Pero el pasarlo
a las 10 de la noche del 15 fue para unirlo con el banquete que se ofrecía por
el cumpleaños del presidente Porfirio Díaz.
Si fuéramos el procurador ¿Cuál
sería la verdad histórica? Y otro problema histórico del mismo hecho: ¿Qué dijo
verdaderamente Hidalgo? “¡Vivan los países del tercer mundo!, Vivan los hombres
y mujeres que nos dieron patria!”. O “Viva Fernando VII, Viva la América
Septentrional, mueran los gachupines afrancesados”. Van 200 años y el debate sobre esa verdad
histórica aún continua…
Así que creo que tanto como el procurador Karam como
los padres de la normal se morirán sin tener la “verdad histórica” total de lo
que “verdaderamente pasó”. Solo aproximaciones, pero que no por eso dejan de
ser importantes ni científicas, aunque no sean inobjetables ni claras ni
distintas.

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