miércoles, 11 de febrero de 2015

La falsa “verdad histórica” de la PGR

Clío, musa de la historia. Fragmento de El arte de la pintura, Johannes Vermeer, 1666 - Museo de Historia del Arte de Viena

Ayotzinapa no es un expediente cualquiera. Van tres veces que el procurador general de la República busca darle “carpetazo” a una investigación que defiende como “verdad histórica”, al tiempo que de manera contradictoria insiste en que el expediente no se puede cerrar “dada la naturaleza de los delitos”.

Tampoco le corresponde al procurador general de la República ni a los padres de los normalistas, ni a periodista gritona alguna, ni a ninguna organización, decretar la verdad histórica sobre su propia investigación. Sus acercamientos tienen el carácter de parciales y subjetivos, lo cual no niega su importancia, cientificidad ni historicidad, pero son siempre punto de partida para otro paso más amplio y mayor.

Este debate solo evidencia la crisis de la validez de la razón y la modernidad presente hoy por los siguientes motivos:

1.    La Historia es ciencia en la medida en que realiza la triple caracterización formal de toda ciencia; a saber: ser crítica (da razón de sus principios), sistemática  (tiene orden en sus postulados) y auto-amplificativa (se abre siempre a más en el campo de conocimiento).
2.    Hablando en general, la racionalidad propia de la Historia, en cuanto “ciencia humana”, es de tipo “hermenéutico”: busca comprender, de modo más exhaustivo o “saturado” posible, el pasado y su sentido, primero de los datos investigados y después encontrar un sentido para la vida.
3.    Desde el punto de vista analítico, la racionalidad hermenéutica de la Historia se desarrolla bajo dos formas: las razones de conveniencia, que son las primarias, y las razones necesarias o deductivas, que tienen una función segunda.
4.    Además de presentarse bajo la forma de ciencia, la Historia aparece también bajo la forma de sabiduría, en la medida en que su discurso es del tipo de la gnosis, o sea, global y experiencial.
5.    Principalmente como sabiduría, pero también como ciencia, la Historia tiene una esencial dimensión subjetiva, que es ganar una interpretación que le de sentido a la vida cotidiana. No se busca la verdad histórica por ocio, sino para encontrarle sentido a lo que vivimos. Ahí la fuerza de su verdad, pero para gentes como el procurador o los padres de familia, los acercamientos dan sentido y se vuelven punto de partida nuevo.  Por tanto la verdad histórica nunca es absoluta.
6.    La verdad histórica posee su inteligencia propia, en el sentido de tener su luz o su inteligibilidad especifica, que consiste en la intuición supra-conceptual e incluso supra-racional de los acontecimientos en si.
7.    La razón de la verdad histórica, es la exposición racional, o sea, discursiva (sapiencial o científica) de un acontecimiento, sea en una conferencia de prensa, con peritos, por jueces. En este sentido la verdad histórica es parte racional o racionalizable, y en parte no. Sin embargo, la razón histórica representa el punto más alto al que puede llegar la razón humana en general. Pero ni por decreto judicial se puede determinar cerrada históricamente.

Pongo un ejemplo: Es “verdad histórica” que el grito de independencia fue la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Pero el pasarlo a las 10 de la noche del 15 fue para unirlo con el banquete que se ofrecía por el cumpleaños del presidente Porfirio Díaz.  Si fuéramos  el procurador ¿Cuál sería la verdad histórica? Y otro problema histórico del mismo hecho: ¿Qué dijo verdaderamente Hidalgo? “¡Vivan los países del tercer mundo!, Vivan los hombres y mujeres que nos dieron patria!”. O “Viva Fernando VII, Viva la América Septentrional, mueran los gachupines afrancesados”.  Van 200 años y el debate sobre esa verdad histórica aún continua… 

Así que creo que tanto como el procurador Karam como los padres de la normal se morirán sin tener la “verdad histórica” total de lo que “verdaderamente pasó”. Solo aproximaciones, pero que no por eso dejan de ser importantes ni científicas, aunque no sean inobjetables ni claras ni distintas.


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