Se ha escrito y dicho tanto sobre Sor Juana, que desgraciadamente podemos decir sin temor a equivocarnos que gran parte de los sorjuanistas han caído en sus propias “trampas de la fe” como subtitulaba su obra sobre la religiosa jerónima Octavio Paz.
Caen en la trampa de no ser capaces de
ver que la genialidad de Sor Juana fue asomarse a lo cotidiano con los ojos de
Dios y volverlo poesía, con tal éxito en su generación que llegó a ser “de mi patria toda el objeto
venerado de aquellas adoraciones que forma el común aplauso”. Pero advierte: “entre vuestras plumas ando,
no como soy, sino como quisisteis imaginarlo”.
Y esas (pos)modernas imaginativas plumas
aburridas de sí mismas porque aborrecen lo cotidiano y doméstico, ávidas de
espectáculo, novedad, adrenalina y lo inesperado, donde las animadversiones
dejan sensación de vida, y lo que no es así es aburrido e insoportable, se
aficionan en introducir escándalos en la vida de Sor Juana, incomodos con la vida
de una religiosa del siglo XVII que, plena de talentos intelectuales que el
mundo admira, se negaba a aceptar unas aclamaciones que ellos suponen
universalmente codiciables. Consideran necesario salpicarla e inventar y
escribir historias de nota roja, regodeándose en imaginarios “pecados
carnales”. Le amputan toda vivencia espiritual y la lanzan en una búsqueda
desesperada de fama.
Así, Juana Inés se vuelve hereje,
contestataria, licenciosa, lesbiana, ególatra y fatua. En sus anacrónicos
textos, villano será cualesquiera que se oponga a su emancipación de unas ideas
oscurantistas, de una fe que la oprime y que por miedo a los controles
inquisitoriales no se atreve a disentir abiertamente. La presentan misógina
hacia los varones, alérgica a la filosofía escolástica. En fin caen en la
trampa, que es la de todo historiador llamada anacronismo.
Un buen intento para superar esto son los
trabajos del investigador y poeta
Alejandro Soriano Vallés (1960-): La
hora más bella (CNCA, 2008) y su más reciente Sor Juana Inés de la Cruz: doncella del Verbo (Garabato 2010) que
recomendamos visitar y donde enseñan la “verdad oculta” de Sor Juana: su deseo –como religiosa y como
mujer de fe– de lograr la santidad.
Sor Juana es un personaje fundamental de la Historia de México. Desde
principios del siglo XX, su figura se volvió seductora para gente de muy
diversas ideologias. Han ido apareciendo, así, muchas “Sor Juanas”. No obstante,
es fácil apreciar que tales “Sor Juanas” son, en realidad, productos hechos a
imagen y semejanza de sus autores con sus filias y fobias. Y en un tono
goebbeliano, una mentira repetida mil veces dicen que se convierte en una
verdad…
Pero como es el caso de Soriano, que con apego al método histórico (que
exige respeto y sumisión a la totalidad de las pruebas sin ocultar ninguna), se
revisa la verdadera historia de Sor Juana, resultan evidentes los fantaseos y
deformaciones (en múltiples ocasiones voluntarios) a que las ideologías la han llevado.
De modo general y en general en un
tono antirreligioso, se asegura que la madre Juana, en “desacuerdo” con la
civilización católica a que pertenecía y buscando la “independencia” intelectual
y artística, se habría “rebelado” contra ella, motivo por el cual la Iglesia la
”hostigó” y “sometió”. Varios investigadores, han demostrado que Sor Juana no
sólo fue una gran escritora, sino una mujer religiosa cristiana a la que la
Iglesia favoreció.
Actualmente, existe una abierta oposición a que se estudie la vida
religiosa de Sor Juana. Como si no hubiera sido monja, ni vivido casi toda su
existencia en un convento, ni compuesto infinidad de obras devotas. Algunos
críticos modernos quieren reducir los estudios sorjuanistas a un aspecto “laico”.
Sin embargo, es clarísimo que Juana Inés se hizo monja porque sentía un llamado
a esa vocación.
Por eso es que pedimos que nos devuelvan a Sor Juana donde la ha tenido
secuestrada el laicismo patón. Tan nefasto como cierto catolicismo mocho, pero
del que se habla poco.


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