martes, 13 de enero de 2015

Je acuse!!! de Javier Sicilia: una iglesia católica mexicana esquizofrénica y cómplice








La Iglesia católica mexicana: esquizofrénica, desencarnada, timorata, sumergida en un silencio complice, que si lo mantiene no responde a los retos de los tiempos y se pone a la altura de los criminales.

Hoy quiero compartir una ponencia de alguien que conozco, con quien viví, pues tuve el honor de recibirlo en mi casa en mayo de 2011 y a quien admiro, a pesar de lo polémico que puede ser, quizá por lo intenso con lo que vive las cosas. En ese mayo de 2011, época memorable de mi vida y última acción hasta hoy de incidencia social significativa de los Misioneros del Espíritu Santo en la sociedad, compartiendo con el padre José Antonio Alvarez, Javier Sicilia decía que dos corrientes lo habían consolidado en su formación: La UNAM y los Misioneros del Espíritu Santo. Acoto que con las reservas del caso son las mismas mías.

El pasado 08 de enero, en las instalaciones de la Universidad Pontificia de México, se llevó a cabo un coloquio en el que se abordó el tema de La Iglesia católica frente a la corrupción, la injusticia y la violencia social. En dicho encuentro se hicieron presentes distintas personalidades que han dado muestra de verdadero compromiso cristiano, tales como el escritor y poeta Javier Sicilia, Mons. Ramón Castro Castro, Fray Miguel Concha Malo, O.P., la Hna. María Zamarripa, O.D.N., el Pbro. Alejandro Solalinde y Mons. Raúl Vera López, O.P.

El encuentro, además de promover la reflexión sobre las causas de la violencia que aquejan nuestra nación, propició la generación de ideas, proyectos y movimientos para destinar esfuerzos en pro del el anhelado ambiente de paz que tanto necesita nuestra Suave Patria. Que no quede en bonitos propósitos como sucede casi siempre entre los católicos.

Acerca de Javier Sicilia
Poeta, ensayista y novelista mexicano nacido en Ciudad de México en 1956. Hizo su bachillerato con los MIsioneros del Espíritu Santo, terminó estudios en las facultades de Filosofía y Letras, así como en la de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México. Es colaborador de diversos medios impresos como La Jornada y Proceso. Ha sido fundador y director de El Telar, coordinador de varios talleres literarios, guionista de cine y televisión, jefe de redacción de la revista Poesía, miembro del consejo de redacción de Los Universitarios y Cartapacios, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 1995, profesor de literatura, estética y guionismo en la Universidad La Salle de Cuernavaca y actualmente director de la revista Ixtus.


Es autor de varios libros, tales como Permanencia en los puertos (1982), La presencia desierta (1986), Oro (1990), Trinidad (1992), Vigilias (1994 y 2000).
Ha recibido varios premios por su trabajo literario, tales como el Premio Ariel a mejor argumento original (1989), el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares (2009) y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1990).


Después de la muerte de su hijo, Javier Sicilia organizó el Movimiento por la Paz con justicia y dignidad, cuyo objetivo es combatir la corrupción, la impunidad y el crimen en México.

A continuación presentamos el llamado que Javier Sicilia hizo a la Iglesia que a la vez es un crítico análisis sobre su situación y que personalmente suscribopara convocar al pueblo a una verdadera movilización nacional:

Su ponencia en la UPM

"No soy un hombre de partido ni de institución; soy un hombre de Iglesia"

Voy a ser bastante crítico y duro con la Iglesia (católica). "No soy un hombre de partido ni de institución; soy un hombre de Iglesia". Y entiendo que esta Iglesia no se hace por los hombres ni por los procesos políticos, ni por sus posiciones ideológicas, sino por su Señor que es pobre, que nació en un pesebre, que murió en una cruz, y que da la vida, día a día, por el más "jodido" de este mundo.

En ese sentido, y como no soy un hombre de institución o de partido, voy hablar como hijo de la Iglesia: con toda la libertad que esa condición de hijo me otorga. Porque hay mucha gente que confunde a la Iglesia con un partido y se alinea a las peores causas o calla en nombre de ese partido o institución. Pero la Iglesia no es eso; la Iglesia es el cuerpo de Cristo; y es un compromiso pertenecer a ese cuerpo divino.


Para  que quede claro lo que estoy hablando, he de decir que la Iglesia tiene un doble rostro, innatural y esquizofrénico: puesto que unió al "Cesar" con el Pobre de Nazaret. Y ese horror lo ha cargado durante toda su existencia, porque generalmente se conduce a partir de su "rostro de Cesar". De hecho, y por desgracia, el Estado que nos rige es una copia del cesarato de la Iglesia: en los gobiernos no tenemos Papas, pero tenemos presidentes; no tenemos cardenales, pero tenemos senadores; no tenemos obispos, pero tenemos diputados; no tenemos inquisición, pero tenemos poder judicial; no tenemos pueblo de Dios, pero tenemos ciudadanos; y también tenemos el santoral de héroes... Esta es la parte del cesarato a la que a continuación me voy a referir (y criticar).

"Urge la encarnación de Cristo en la Iglesia"

Es terrible lo que está pasando como Iglesia en este país. Y no es porque tengamos ausencia de contenidos o lineamientos. En nuestras manos tenemos el mismo Evangelio (en especial las bienaventuranzas, como resalta el Papa Francisco), las encíclicas, las cartas pastorales que son inobjetables. Pero el problema está en la retórica pastoral en que permanece la Iglesia mexicana, porque esos contenidos (sin aplicación) no sirven para nada.


Por desgracia, en la Iglesia de nuestro país hace falta el Cristo encarnado. Casi quinientos años de evangelización, casi quinientos años de buenas intenciones y espléndidos documentos pastorales (porque los franciscanos que llegaron a tierras mexicanas arribaron en 1524). ¡Y miren dónde está este país!

Nuestro compromiso no debe limitarse a hacer el conteo de los 60,000 muertos, los 30,000 desaparecidos o los 500,000 desplazados (y darlos a conocer). Limitarse a hacer conteos o a realizar cifras corresponde a una actitud conservadora.

Cuando decidamos enfrentar el horror que estamos viviendo, nos daremos cuenta de la dimensión de la tragedia: ¡El país es una fosa común!

Podrían objetarme lo que digo, pero incluso en este momento en que hablo alguien está desapareciendo en el país bajo la complicidad de todos; alguien está siendo extorsionado o secuestrado. (Y digo complicidad porque) "el silencio por el silencio es complicidad". Yo me pregunto: "¿Dónde está el Evangelio o los quinientos años de evangelización que se han efectuado en nuestras tierras?" En pleno sigo XXI, con todos los derechos humanos a cuestas y toda la "projimidad" del Evangelio, están desapareciendo personas. Los muchachos de Ayotzinapa son la prueba inmensa del horror que nos invade.

Ante este panorama, veo que la Iglesia no está a la altura de la defensa de nuestros derechos. Ciertamente se han hecho actividades en pro de la paz, pero la mayoría de las acciones que se han realizado son a nivel individual. Hace falta que actuemos como cuerpo de Cristo, liderados por nuestras autoridades los obispos y cardenales.


Esto que hago es un llamado a nuestra Iglesia jerárquica, que se está dejando robar la "Encarnación del Evangelio". Y para mostrar las omisiones eclesiales, el rostro de "Cesar" (o cesarato) de nuestra jerarquía eclesial, su complicidad con esta tragedia, voy a contar dos anécdotas personales:

Primera anécdota

En 2011 México tuvo 40,000 muertos y 10,000 desaparecidos. Fue en ese tiempo cuando asesinaron a mi hijo Juan Francisco y a siete de sus amigos en Cuernavaca, Morelos. Su asesinato, así como el de otros tantos, provocó la organización del Movimiento por la Paz con justicia y dignidad (un antecedente del movimiento que realizan los padres de los que fueron asesinados en Ayotzinapa). Pero, en ese entonces, los que estaban en el obispado de Morelos (los representantes jerárquicos) no hicieron presencia al llamado que hizo la sociedad, el pueblo. ¡Y eso no es ser Iglesia comprometida!

Por ejemplo, el día 5 de mayo, cuando 200 víctimas de violencia iniciaron la marcha procedente de Cuernavaca rumbo a México, sólo un obispo estuvo al lado de los necesitados. Ese obispo fue Don Raúl Vera... Acertadamente también hubo buena respuesta de algunas congregaciones religiosas, así como de otros cristianos comprometidos como el P. Solalinde, el P. Concha o Jesús Garza. Pero la Iglesia jerárquica nunca se pronunció a favor de estos movimientos.

Fuera del obispo ya mencionado, así como algunos sacerdotes y religiosos, no he visto a los obispos al frente de las marchas de protesta o llamando al pueblo a una verdadera movilización nacional. ¡No veo que apoyen con actos los contenidos de las cartas pastorales que se han emitido respecto a la paz y la justicia!

Segunda anécdota

Previo a la visita que el Papa Benedicto XVI realizó a México, pedí a Mons. Raúl Vera y a otros laicos su apoyo para llevar al Papa el testimonio de las víctimas de nuestro país, en vistas a que nos emitiera un mensaje redentor. Pero, en mi intento de relaciones públicas no pude ver al Nuncio apostólico. De hecho, me di cuenta que (el intento por contactarme con la jerarquía eclesiástica) se parecía a lo que el escritor F. Kafka describe en su novela El Castillo... (En mis intentos) llevé tres cartas a quienes creía indicados, pero dichas cartas se hicieron perdedizas.

Mi búsqueda no paró allí. Y por fin logré llegar al Vaticano para hacer entrega personal al Papa del documento en el que se describía la situación de nuestro país. Pero la institución eclesial (que mediaba las relaciones) lo había bloqueado todo: es decir, "los amigos del Cesar" se mostraron negligentes. Por eso digo que Kafka es un buen retrato para describir la burocracia que impera en nuestra Iglesia...

"La Iglesia no debe esconderse detrás de documentos pastorales ni de discursos"

A partir de estos dos testimonios o anécdotas, se hace patente la necesidad de la actuación, de la encarnación del mensaje evangélico y de las cartas pastorales que hablan de la paz y la justicia. La Iglesia no puede permanecer solamente "dando Misa" cuando hay un acto de desencarnación absoluta y demoniaca, en complicidad con las autoridades gubernamentales y asesinos, de la desaparición y borramiento de nuestros muchachos de Ayotzinapa y tantas personas más. La Iglesia no debe permanecer o esconderse detrás de documentos pastorales ni de discursos. Yo, como laico, sigo esperando esa respuesta de la Iglesia jerárquica. Y si no lo hace "va a mantener a Cristo en el banquillo de los acusados".

Así pues, me pregunto: ¿A qué compromisos nos suscribimos todos nosotros como cristianos? ¿Qué haremos en conjunto para que se transforme este gobierno, para bajar los índices de corrupción y para que haya justicia ante las víctimas? ¿Qué debemos exigir a nuestros pastores, a nuestros obispos y cardenales, para que llamen a detener ya en actos la violencia que nos rodea?... ¡Si la Iglesia no responde a los retos de los tiempos, entonces está a la altura de los criminales!

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