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| Esopo, según Diego de Velazquez en el museo del Prado |
En estos tiempos, donde no tenemos ya ni
guillotina ni fusilamientos, salvo los perpetrados por los extremistas
islámicos en un alto grado de deshumanización, tenemos en otro extremo el
terror más virulento de las redes sociales e igualmente deshumanizante y
bestial.
Me pregunto: ¿Quién se puede librar
y borrar del maldito buscador de Google? ¿Alguien ha logrado liberarse de su
terror?
Una persona conocida, en días
recientes, vio con horror que un caso penal
en el que se vio inmiscuida a principios de la década de los setenta se
encontraba referido, como ella dijo, en el “maldito” buscador de Google. Siendo
señalada y avergonzada.
Para seguir en el tema, me desayune
siguiendo la Cumbre de las Américas en Panamá y me llamó la atención la
declaración del presidente Raúl Castro
de Cuba: “Internet es un gran invento, sirve para lo mejor sopoy, como las lenguas
de Esopo, para lo peor”.
La frivolidad nos hará pensar “Ah
si, las fábulas de Esopo”, pero como nuestra cultura grecolatina es ahora tan
pobre a todos los niveles, y la motivación por la que se acercaron a ella los
hombres del Renacimiento de encontrar inspiración para las conductas morales
que no estaban contenidas en la Biblia han desaparecido, es bueno recordar
quien fue Esopo.
Esopo fue un esclavo deforme que
vivió en Grecia en el siglo v antes de Jesucristo y el más grande fabulista que
haya tenido la humanidad.
Habiéndole ordenado su amo, Janto,
en ocasión de tener que ofrecer un festín, que fuera al mercado y trajese lo
mejor que encontrara en él, no compró más que lenguas y las hizo servir
aderezadas de modos distintos. Severamente lo reprendió Janto ante sus
invitados. Esopo se explicó de esta manera: “¿Pues qué cosa puede haber mejor
que la lengua? Es el lazo de la vida civil, la clave de la ciencia, el órgano
de la verdad y la razón; con su auxilio se construyen las ciudades, se las
civiliza e instruye; con ella se persuade en las asambleas, y se cumple uno de
los primeros deberes del hombre, que es el ineludible de alabar a los dioses”.
Al día siguiente no hizo servir
Esopo más que lenguas, diciendo: “La lengua es la madre de las discusiones, la
nodriza de los pleitos, el origen de las divisiones y las guerras; lo es
igualmente del error y, cosa peor aun, de la calumnia. Por ella se destruyen
las ciudades, y, si por una parte celebra a los dioses, por otra es el órgano
de la blasfemia y de la impiedad”.
“Las lenguas de Esopo” designa las
cosas que, consideradas desde dos puntos de vista, diferentes, igual pueden ser
celebradas que vituperadas como es el caso de los discursos y las redes
sociales, capaces de iluminar la vida de uno, pero de los peores desastres.
Como dice la carta de Santiago en el mismo sentido y que lo podemos ampliar y actualizar a las redes sociales:


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