martes, 31 de marzo de 2015

Para que queremos hogueras, tenemos Google, Facebook y Twitter. Son peores!!!!


En días pasados un muy querido amigo de la preparatoria me compartió una entrevista hecha por NPR books a Jon Ronson, autor de un libro que me dejó electrizado. La entrevista se titula en ingles: “Avergonzado públicamente: ¿Quién necesita la picota cuando tenemos Twitter?

            El libro se titula: “Has sido públicamente humillado: un viaje al mundo de la degradación pública”, Penguin books, 2015.

            El escritor Jon Ronson a dedicado mucho tiempo siguiendo la historia de personas que han sido humilladas o hechas cenizas por las redes sociales, la mayoría por transgresiones menores –aunque ha documentado también mayores-.

            En la entrevista comenta que sus niveles de ansiedad se elevaron mientras escribía sobre algunas víctimas de la humillación  pública: “Mi libro tiene una cualidad de generar paranoia y taquicardia”, y añade: “pero de una manera positiva, porque lo que quiero mostrar es que tengamos cuidado cuando nos dedicamos a exhibir y destruir a personas por nada, esto es lo que se siente”.

            Aclara sobre que entiende por avergonzar: “Estoy hablando específicamente sobre el castigo desproporcionado de personas que realmente no hicieron algo grave. Esta dura vigilancia de la sociedad que hemos creado desde el surgimiento de las redes sociales, donde yo creo que tratamos de definir al otro tomando como punto de partida el peor comentario hecho en Twitter o Facebook. Tendemos a ver los mensajes personales como si estuvieran vinculados a su maldad, aunque sepamos que no reflejen la totalidad de lo que es esa persona y hacemos juicios demoledores sobre la misma”.

            Adelante ejemplifica con el caso de Justine Sacco y dice: <<Ella tomó unas vacaciones en Sudáfrica, y poco antes de abordar el avión escribió  en Twitter: “me voy a África, espero no me contagie de SIDA, bromeo, soy blanca”.  Abordó el avión y se durmió. Al despertar en Ciudad del Cabo y encender su teléfono vio un texto, de alguien de la que no había sabido nada desde los tiempos del high school que decía: “Lamento mucho por lo que estás pasando ahora”. Pues resulta que mientras dormía su tweet dio la vuelta al mundo y su vida fue destruida.>>

            Su mensaje nunca intentó ser racista, era un comentario irónico dirigido a su circulo más cercano, pero descontextualizado fue interpretado como parte de la tradición de las personas que se burlan de una posición de privilegio, cosa que en su vida no era así.  Pero sin la menor consideración esto fue suficiente para generar un huracán que destruyó totalmente su vida laboral y social.

            Luego el autor aclara sobre la diferencia entre molestar –trolear- y avergonzar. Y dice: “de algún modo centrándome en lo que es molestar o trolear, es un modo de sacar las cosas de un modo fácil y rápido.  Y así vemos que en el caso de Justine Sacco, recibió inmediatamente  como en avalancha amenazas de violación y de asesinato. Pero no fueron estas cosas lo que la destruyeron, fue la gente “buena”, como la mayoría de nosotros,  tratando de ser empática para hacer el bien la que más daño hizo. Gente “buena” que se acercaba solo para conocer los detalles por curiosidad, chisme o insidia. Que compartía comentarios en internet sumándose al linchamiento. Gente “buena” que tomo distancia de ella por no saber como tocar el punto con ella y que solamente la aislaron. Concluye el autor comentando “Esta  gente es más amenazante y peligrosa que los troleadores”.

            Le doy toda la razón a mi amigo Jon Ronson y José R. que le agradezco compartirme estas reflexiones. E intenta borrar algo de Google, Twitter o Facebook.  Es más fácil decir tus pecados te son perdonados que borrar una memoria de esos deshumanizantes dictadores contemporáneos.


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